Frente a El Rodeo I, siete meses de vigilia sostienen la exigencia de libertad

La vigilia de familiares de presos políticos frente a El Rodeo I llegó a siete meses, según CLIPPVE. El campamento surgió tras promesas de excarcelaciones masivas y hoy reúne una exigencia que atraviesa varias cárceles: libertad inmediata, plena e incondicional para quienes siguen encerrados.

Justicia X Libertad · Venezuela

Frente a El Rodeo I, siete meses de vigilia sostienen la exigencia de libertad

La vigilia de familiares de presos políticos frente a El Rodeo I llegó a siete meses, según CLIPPVE. El campamento surgió tras promesas de excarcelaciones masivas y hoy reúne una exigencia que atraviesa varias cárceles: libertad inmediata, plena e incondicional para quienes siguen encerrados.

JPNRedacción Jonatan Palacios NewsPublicado el 11 de agosto de 2026.
Frente a El Rodeo I, siete meses de vigilia sostienen la exigencia de libertad
Imagen editorial principal: Jonatan Palacios News para esta cobertura.

Siete meses convertidos en presencia

El pronunciamiento público del Comité por la Libertad de los Presos Políticos, CLIPPVE, deja una cronología concreta: la vigilia pacífica en las inmediaciones del Internado Judicial El Rodeo I llegó a siete meses. La organización sitúa allí a familiares de presos políticos que sostienen la protesta para exigir la excarcelación de sus seres queridos. Ese registro no habla de una jornada aislada ni de una concentración de horas. Habla de un campamento en el que familiares pernoctan y mantienen visible, día tras día, la ausencia impuesta a personas que continúan recluidas.

CLIPPVE recordó que la vigilia comenzó después de las promesas de excarcelaciones masivas anunciadas en enero. Con el paso de los meses, lo que pudo haber sido una espera breve se convirtió, según la organización, en una presencia permanente ante El Rodeo I. Cada mes agregado a esa cronología pesa sobre familias que siguen esperando que la promesa se traduzca en libertad real, no en anuncios que se consumen mientras sus seres queridos permanecen lejos de casa.

Siete meses de vigilia son también siete meses en los que una familia reorganiza su vida alrededor de una cárcel. La protesta pacífica no es una escena abstracta: es la decisión de mantenerse cerca cuando el encierro intenta convertir la separación en rutina. Quienes pernoctan en el campamento cargan una exigencia elemental y profunda: que la vida de quienes están presos por razones políticas vuelva a pertenecerles, junto con el abrazo, la palabra y la libertad que les fueron arrebatados.

Un campamento que carga nombres, no expedientes

El comunicado de CLIPPVE describe la vigilia como un “símbolo nacional de resistencia, fe y exigencia pacífica”. La frase cobra peso porque no borra a las personas que la sostienen. Detrás del símbolo hay familiares que permanecen frente a El Rodeo I y hacen de esa presencia una denuncia pública del encierro. La dignidad de la protesta está en rechazar que los presos políticos sean reducidos a una lista, a una espera sin rostro o a una promesa que otros pueden aplazar sin mirar a quienes sufren.

Desde la experiencia de Jonatan Palacios como expreso político y sobreviviente de secuestro y tortura, conocemos el daño que produce cuando una persona queda separada de los suyos y el tiempo se usa como otra forma de castigo. Por eso, esta vigilia importa más que por su duración: revela la persistencia de familias que se niegan a aceptar el encierro como destino. Su presencia protege los nombres de quienes siguen presos de la indiferencia y devuelve humanidad a una realidad que el poder quisiera administrar en silencio.

Una familia que vigila no pide privilegios; reclama que termine una privación de libertad que sus propios seres queridos y quienes los acompañan identifican como política. La fuerza de esa demanda nace de lo concreto: el tiempo familiar puesto en pausa, las horas de espera y la incertidumbre que atraviesa el hogar. Cada una de esas experiencias merece ser escuchada sin discursos que minimicen el dolor ni cálculos que sustituyan el valor irremplazable de cada persona.

La demanda abraza cárceles más allá de El Rodeo I

CLIPPVE señaló que la protesta no se limita a quienes permanecen en El Rodeo I. La exigencia de libertad incluye también a presos políticos recluidos en El Helicoide, Ramo Verde, Tocuyito, Yare, Fuerte Guaicaipuro, Zona 7 de Boleíta, el INOF y Las Crisálidas. Al nombrar cada centro, las familias trazan un mapa de ausencias que atraviesa distintos lugares de reclusión y sostienen que la deuda de libertad no puede compartimentarse según el sitio donde cada persona esté encerrada.

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La lista tiene una consecuencia humana inmediata: cada cárcel concentra familias obligadas a vivir con la misma separación, aunque sus trayectos y circunstancias no sean idénticos. CLIPPVE presenta la vigilia de El Rodeo I como un punto de encuentro para esa exigencia común. Allí la protesta adquiere alcance nacional porque recuerda que la libertad de una sola persona no compensa la continuidad del encierro de las demás. Ninguna liberación parcial puede ser usada para borrar la urgencia de todos los nombres que siguen esperando.

El reclamo de los familiares es claro: la excarcelación debe alcanzar a todos los presos políticos señalados por la organización, sin que su suerte dependa de calendarios opacos ni de promesas repetidas. No se trata de convertir la libertad en una concesión administrada por quienes tienen a las personas encerradas. Se trata de poner fin a la privación de libertad y devolver a cada familia la posibilidad de rehacer su vida sin un campamento como única forma de ser escuchada.

Quienes ejercen la custodia de facto cargan una obligación directa

Quienes mantienen la custodia de facto en El Rodeo I y en los demás centros mencionados tienen responsabilidad directa sobre la vida, la integridad y la libertad de las personas que siguen recluidas. Esa responsabilidad no se diluye con el paso del tiempo ni con anuncios de excarcelaciones que no se materializan para todas las familias. El encierro político tiene consecuencias sobre cuerpos, afectos y proyectos de vida; prolongarlo obliga a mirar de frente el daño que se está causando.

En Venezuela, la estructura que controla el poder y las instancias judiciales actuales no puede presentarse como árbitro independiente de una denuncia que alcanza a quienes sostienen el encierro. La salida que corresponde hoy es hacer pública y preservar la evidencia ciudadana de esta vigilia: el pronunciamiento de CLIPPVE, su cronología y los testimonios que sus protagonistas decidan compartir. Ese archivo público impide que siete meses de resistencia sean alterados, silenciados o borrados.

Exigimos la liberación inmediata, plena e incondicional de todos los presos políticos por quienes las familias reclaman. Exigimos también que su situación no quede oculta tras los muros de los centros de reclusión y que quienes los mantienen bajo custodia de facto permitan acceso independiente cuando las familias lo requieran para resguardar su vida e integridad. La libertad no admite cuotas ni esperas indefinidas: es la medida mínima de reparación frente a un encierro que ya ha separado demasiados días.

La vigilia ya forma parte de la memoria que Venezuela debe conservar

El dato de los siete meses necesita permanecer unido a las razones que lo hicieron posible: familiares que acudieron a El Rodeo I después de promesas de excarcelaciones masivas, una vigilia que se transformó en campamento y una demanda extendida a otras cárceles. Esa secuencia, atribuida por CLIPPVE, debe circular completa. Separar el tiempo de la causa, o la vigilia de los nombres por los que se mantiene, empobrece la verdad que las familias han sostenido en el espacio público.

Publicar y guardar esa memoria es una forma de acompañar a quienes siguen esperando. Las fotografías, videos, testimonios y documentos que los familiares decidan hacer públicos pueden ordenar la cronología de la vigilia y preservar sus voces frente al silencio. En una Venezuela libre, con instituciones reconstruidas e independientes del aparato que hoy controla el poder, esa memoria podrá sostener una investigación documental y judicial que establezca responsabilidades y repare a las víctimas. Hoy, el compromiso es que su resistencia permanezca visible y no sea reducida a una estadística.

El campamento frente a El Rodeo I no es el final de una historia: es una presencia que se niega a dejar solas a las personas encarceladas y a sus familias. La dignidad de quienes han cumplido siete meses de vigilia exige que la libertad de todos los presos políticos permanezca como prioridad en la mirada pública sobre Venezuela. Mantener viva su memoria, preservar su palabra y repetir su exigencia de excarcelación es defender el derecho de cada víctima a volver a casa en libertad.

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