Justicia X Libertad
Familiares de presos políticos denuncian que reunión por torturas en El Rodeo I agravó su revictimización
Clippve afirmó que una reunión con autoridades penitenciarias no esclareció las denuncias de tortura en El Rodeo I ni produjo medidas de protección. El señalamiento obliga a poner en el centro a los detenidos y sus familias, preservar las pruebas y exigir una investigación independiente que rompa el miedo y la impunidad.

Las familias de personas detenidas por razones políticas acudieron ante autoridades penitenciarias buscando respuestas sobre presuntos actos de tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes en el Internado Judicial El Rodeo I. Según el Comité por la Libertad de los Presos Políticos en Venezuela (Clippve), salieron de la reunión no solo sin esclarecimiento ni garantías, sino sometidas a una nueva forma de daño: la revictimización. La denuncia, difundida este viernes 17 de julio mediante un comunicado en la cuenta oficial de X de la organización, exige mirar primero a quienes padecen el encierro y a quienes sostienen su defensa desde afuera.
Lo verificado a partir del material disponible es que la reunión se celebró el lunes 13 de julio y que Clippve hizo pública su evaluación cuatro días después. El comité atribuyó a las autoridades una conducta de negación, descalificación y minimización frente a hechos que, de acuerdo con la organización, habrían ocurrido el 5 de julio dentro del centro penitenciario. No contamos aquí con una respuesta oficial detallada de los funcionarios señalados ni con una investigación independiente concluida; por eso, las torturas y los malos tratos deben presentarse como denuncias graves pendientes de comprobación, nunca como una sentencia anticipada.
Una reunión que, según Clippve, cerró la puerta a la escucha
En el encuentro participaron, según el comunicado, el ministro para el Servicio Penitenciario, el viceministro del área y el director general de Atención Integral a la Familia. La presencia de altos responsables institucionales elevaba la expectativa de que se escuchara a las familias, se precisara la situación de los detenidos y se acordaran acciones urgentes de protección. Clippve sostiene que nada de eso ocurrió y que el espacio no fue orientado a esclarecer los hechos ni a impedir nuevas vulneraciones.
La organización afirmó que las autoridades habrían negado las denuncias, desacreditado a familiares y defensores de derechos humanos y restado importancia a lo reportado. Esa es la versión del comité y debe ser contrastada con actas, registros, testimonios de asistentes y la posición individual de los funcionarios presentes. Pero la ausencia de esas comprobaciones no reduce el deber inmediato de proteger: cuando se denuncia tortura bajo custodia estatal, la prioridad no puede ser discutir la reputación de quien habla, sino preservar su integridad y activar una pesquisa seria.
Para una familia, denunciar desde una relación de poder tan desigual supone exponerse. El Estado controla la custodia, el acceso, la información y buena parte de las condiciones materiales de la persona detenida. Si la respuesta percibida es intimidante o descalificadora, el mensaje puede alcanzar a todas las familias: hablar tendría un costo. Esa consecuencia, denunciada por Clippve, debe ser investigada porque el derecho a comunicar abusos sin represalias forma parte esencial de cualquier garantía efectiva.
La revictimización no es un asunto de formas
Revictimizar no se limita a emplear palabras ofensivas. También puede consistir en obligar a quien denuncia a repetir su dolor sin obtener protección, negar de entrada su relato, cuestionar su credibilidad sin investigar o dejarle la impresión de que su intervención empeorará la situación de la persona recluida. Clippve calificó lo ocurrido como incompatible con las obligaciones internacionales del Estado venezolano y advirtió que alimenta un ambiente de temor e impunidad en los centros donde permanecen detenidos por motivos políticos.
La experiencia de haber sufrido prisión política, secuestro y tortura enseña algo que no admite neutralidad moral: detrás de cada expediente existe una persona que teme, resiste y conserva derechos; detrás de cada visita hay una familia que carga incertidumbre, agotamiento y riesgo. Esa experiencia orienta nuestra lectura editorial, pero no sustituye la verificación. Nos obliga a exigirla con mayor rigor, sin convertir el sufrimiento en espectáculo ni usar a las víctimas como simples números en una disputa política.
Por eso importa separar planos. Es un hecho que Clippve publicó un comunicado y comunicó determinadas exigencias. Es una denuncia de la organización que hubo tortura, malos tratos, negación y descalificación. Es una lectura editorial afirmar que una respuesta institucional centrada en desacreditar, si se confirma, profundiza el daño y favorece el silencio. Y continúa pendiente determinar mediante una investigación independiente qué ocurrió el 5 de julio, quiénes intervinieron y qué decisiones se adoptaron antes, durante y después.
Investigar exige independencia, protección y acceso
Clippve pidió una investigación independiente, imparcial y efectiva sobre los señalamientos de tortura en El Rodeo I, con participación de mecanismos internacionales especializados. También solicitó el ingreso inmediato de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y del Comité Internacional de la Cruz Roja a los centros de reclusión para evaluar las condiciones de detención. Esas peticiones buscan abrir a observación externa un ámbito donde la opacidad aumenta el riesgo para quienes están bajo custodia.
Una pesquisa creíble tendría que asegurar, como mínimo, la protección de detenidos, familiares, testigos y defensores; resguardar posibles evidencias; documentar lesiones conforme a estándares especializados; revisar registros de custodia, traslados y atención médica; e identificar las cadenas de mando relevantes. También debe garantizar que las personas denunciantes puedan declarar sin presencia ni influencia de posibles responsables. Estas son condiciones de investigación y no afirmaciones sobre la culpabilidad de alguien en particular.
El comité solicitó además seguimiento de la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela, el Comité contra la Tortura de las Naciones Unidas, la Relatoría Especial sobre la Tortura y la comunidad internacional. Su intervención no reemplaza el deber estatal de investigar, pero puede contribuir a preservar información, contrastar versiones y vigilar posibles represalias. La urgencia deriva de un principio elemental: una persona privada de libertad permanece bajo responsabilidad reforzada del Estado.
Responsabilidad política sin condenas anticipadas
Entre sus demandas, Clippve pidió la destitución inmediata del ministro para el Servicio Penitenciario y de los funcionarios que, según la organización, incumplieron su deber de garantizar derechos. El comunicado también señaló a Delcy Rodríguez como responsable de asegurar el cese de estas prácticas, proteger a las víctimas y permitir una investigación independiente. Ambas son exigencias políticas formuladas por el comité; el material disponible no incluye una decisión administrativa o judicial que establezca responsabilidades personales por los hechos denunciados.
Distinguir esa ausencia de decisión no significa conceder impunidad. La responsabilidad política y administrativa puede examinarse desde el deber de prevención, la respuesta ante una alerta y la cooperación con investigadores, mientras la responsabilidad penal requiere pruebas individualizadas y garantías procesales. Las autoridades mencionadas deben ofrecer una explicación pública, verificable y completa: qué conocieron, cuándo lo conocieron, qué medidas tomaron y cómo protegerán a detenidos y familiares.
Clippve sostuvo que lo ocurrido se inserta en un patrón de respuestas oficiales ante denuncias de posibles torturas, muertes bajo custodia y malos tratos: en lugar de priorizar pesquisas y garantías, se cuestionaría a quienes documentan. Esa caracterización también requiere corroboración amplia mediante casos, documentos y respuestas oficiales comparables. Precisamente por tratarse de un posible patrón, no basta una negación general; se necesitan datos auditables, acceso independiente y resultados concretos.
El derecho de las familias a denunciar sin temor
La organización exigió el cese de cualquier criminalización, intimidación o descalificación contra familiares, defensores y grupos que documentan presuntas violaciones de derechos humanos. Reiteró, además, su llamado a la liberación inmediata e incondicional de todas las personas detenidas por motivos políticos. En el caso específico de El Rodeo I, la medida más urgente es asegurar que ninguna persona sufra represalias por las denuncias y que las familias puedan conocer el estado físico y jurídico de sus seres queridos.
La verdad no se construye obligando a las víctimas a callar ni imponiéndoles la carga de probar aquello que el propio Estado tiene el deber de investigar. Se construye con acceso, documentos preservados, evaluaciones independientes, testimonios protegidos y rendición de cuentas. También exige memoria: registrar lo denunciado, las respuestas oficiales y las omisiones evita que el daño sea borrado o reducido a una controversia pasajera.
Queda por verificar de manera independiente qué sucedió dentro de El Rodeo I el 5 de julio, cuál fue el contenido íntegro de la reunión del 13 de julio, si existen registros de lo conversado y qué medidas se adoptaron después. Debe investigarse toda alegación de tortura o trato cruel, así como cualquier posible intimidación posterior. Y debe exigirse acceso para mecanismos imparciales, protección efectiva y explicaciones públicas. La dignidad de las víctimas no es una concesión del poder: es el punto de partida de la justicia.
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