Investigaciones · Venezuela
Un reclamo ciudadano pone las presidenciales en el centro de un calendario aún sin fecha
Un video difundido por el periodista Orlando Avendaño recoge una respuesta contundente ante la pregunta sobre las prioridades de los venezolanos: elecciones presidenciales. El mensaje contrasta con la ausencia de una fecha pública en el calendario electoral y devuelve al centro el derecho ciudadano a decidir.

Una respuesta que concentra una exigencia
“Elecciones presidenciales, claro. Desde ahí es que empieza todo”. La frase, pronunciada por una de las personas que aparece en un video difundido por el periodista Orlando Avendaño, concentra un reclamo político que sigue abierto para millones de venezolanos: poder escoger en las urnas quién conduce el país. No es una consigna abstracta ni una discusión reservada a dirigentes. Es una respuesta directa a una pregunta sencilla sobre lo que quieren los venezolanos y sitúa la elección presidencial como la puerta de entrada a cualquier cambio que pretenda ser duradero.
El material fue publicado en X la noche del 25 de septiembre por Avendaño, quien lo presentó con la pregunta “¿Qué quieren los venezolanos?”. La respuesta recogida en el clip no ofrece un programa completo ni intenta resolver todas las disputas de la vida nacional. Su fuerza está precisamente en esa economía: antes de hablar de pactos, promesas o repartos de poder, pone sobre la mesa el acto mediante el cual la ciudadanía puede expresar una decisión propia.
La publicación acompaña ese testimonio con una afirmación central: el reclamo por presidenciales libres choca con un calendario sin fecha. Esa combinación es el dato político de la pieza. La demanda existe y se formula sin rodeos; del otro lado, no aparece una fecha pública que permita convertirla en una cita concreta. La distancia entre ambos elementos no es meramente administrativa. Mantiene en suspenso el momento en que los venezolanos podrían volver a discutir el rumbo del país desde una decisión ciudadana verificable.
La secuencia pública del 25 de septiembre
El registro disponible sitúa la publicación a las 11:29 p. m. del 25 de septiembre de 2026 y la identifica como un video de unos 47 segundos. En ese breve espacio, Avendaño recoge la pregunta y la respuesta que luego resume en su texto: “¡Elecciones presidenciales, claro! ¡Desde ahí es que empieza todo!”. El expediente no atribuye la frase a una organización, partido o candidato; la presenta como la voz de una persona consultada y como parte de una inquietud más amplia formulada en plural.
Ese detalle importa porque delimita con precisión lo que el video muestra. No se trata de un anuncio electoral, de una convocatoria formal ni de una promesa del régimen venezolano. Es evidencia ciudadana de una prioridad expresada en voz alta. El valor documental del clip está en conservar esa escena y su fecha: una persona responde que las presidenciales son el inicio, mientras la publicación que la difunde advierte que no hay un cronograma con día definido.
En las respuestas al post también apareció otra postura. Un usuario identificado como José Méndez sostuvo que primero debería existir una junta de gobierno y cuestionó que la salida empezara por elecciones. Esa reacción es una opinión individual, no una prueba de consenso, pero deja ver que incluso entre quienes rechazan la situación actual hay diferencias sobre el orden de las medidas. La persona entrevistada en el video plantea lo contrario: sin el derecho de elegir, el resto de las soluciones carece del punto de partida que permite a la ciudadanía decidir entre proyectos y representantes.
Un calendario vacío tiene un costo político
Una elección presidencial no se reduce al día de votación. Requiere que la población conozca con anticipación cuándo se abre el proceso, qué reglas estarán vigentes y en qué momento deberá tomar decisiones que afectan su futuro. Cuando la fecha no está públicamente establecida, el debate queda atrapado en la espera. Familias que viven dentro y fuera de Venezuela, comunidades, organizaciones y ciudadanos comunes siguen sin una referencia básica para ordenar expectativas, contrastar ofertas o exigir condiciones que hagan reconocible el resultado.
La expresión “desde ahí empieza todo” no sostiene que una elección, por sí sola, resuelva una crisis acumulada. Lo que afirma es algo más elemental: sin una oportunidad real de escoger, no hay mandato ciudadano que permita abrir un ciclo distinto. La frase conecta la vida diaria con una pregunta de poder. Quien no puede influir mediante el voto ve reducida su capacidad de intervenir en decisiones que atraviesan empleo, servicios, separación familiar, migración y el futuro de sus hijos.
Por eso el vacío de fecha pesa tanto como el reclamo mismo. Un calendario claro transforma una aspiración en una posibilidad medible: permite seguir plazos, comparar compromisos y observar si las condiciones respetan el derecho a elegir. Un calendario indefinido prolonga la incertidumbre y facilita que el tiempo político siga siendo controlado desde arriba, lejos de la voluntad expresada por quienes aparecen en el video. La postergación no borra la demanda; la vuelve más visible cada vez que una persona la formula ante una cámara.
Video publicado por Jonatan Palacios News
Preview audiovisual publicado por @JPActivista
La elección como punto de partida, no como eslogan
El testimonio difundido por Avendaño evita una promesa fácil. No dice que las presidenciales curarán de inmediato todos los daños ni que bastaría una jornada para recomponer instituciones deterioradas. Dice que ahí empieza todo. La diferencia es decisiva. Una elección presidencial libre coloca a los ciudadanos ante la posibilidad de escoger y obliga a que las propuestas de poder se sometan a una comparación pública, en lugar de imponer una continuidad sin una fecha cierta para ser cuestionada.
La palabra “libres”, incluida en el texto que acompaña la publicación, marca además el alcance del reclamo. No basta con nombrar una elección si el proceso no permite que las personas participen y expresen su preferencia sin que el resultado quede reducido a una formalidad. El video no detalla condiciones técnicas ni fija un modelo de transición. Sí entrega una demanda política inequívoca: que la consulta presidencial devuelva a los venezolanos la capacidad de decidir. Esa exigencia debe conservarse con sus propias palabras, sin convertirla en una consigna ajena ni en una promesa que la fuente no hizo.
La discusión abierta por José Méndez revela por qué el reclamo no debe simplificarse. Hay quienes imaginan una etapa previa a cualquier elección y quienes, como la persona consultada, ven en las presidenciales el primer paso indispensable. Ambas posiciones hablan de una ruptura con la inmovilidad, pero difieren en el mecanismo. La evidencia disponible no resuelve esa controversia; muestra con claridad que el aplazamiento de una fecha mantiene bloqueado el debate de fondo. Mientras no exista una convocatoria pública, la ciudadanía ni siquiera puede medir cuánto tiempo falta para contrastar esas propuestas en una decisión nacional.
La contradicción entre la demanda y la espera
El núcleo de esta historia no es una cifra ni una declaración de una figura del poder. Es una contradicción visible: un venezolano responde que quiere presidenciales y la publicación que registra su respuesta advierte que el calendario sigue sin fecha. Esa distancia expone el costo de normalizar la espera. Cuando el tiempo de la política depende de una estructura que controla el poder, la población queda obligada a pedir como prioridad aquello que en una democracia debería tener una fecha conocida y reglas discutibles en público.
La respuesta ciudadana también cuestiona la idea de que el cansancio haya cancelado la aspiración de decidir. El clip es breve, pero reúne una formulación nítida de esa voluntad. No propone resignación ni deja el problema en manos de una figura providencial. Coloca el énfasis en una elección presidencial porque esa herramienta permite que las distintas visiones compitan ante el país y que el poder sea objeto de una decisión colectiva. La importancia de la frase está en devolver protagonismo a quien vota, no a quien administra la postergación.
En Venezuela, la evidencia ciudadana cumple una función que no puede delegarse en las instituciones sometidas al aparato que controla el poder. El video, la fecha de publicación y las palabras pronunciadas deben preservarse como parte de la memoria pública de esta exigencia. Cada testimonio que reclama una consulta libre deja constancia de que la ausencia de cronograma no equivale a ausencia de demanda. Al contrario: documenta qué sigue esperando la gente y por qué esa espera tiene consecuencias en su capacidad de decidir.
Preservar el reclamo para una Venezuela libre
La salida a esta historia no es pedir al mismo aparato que domina el calendario que se investigue o se audite a sí mismo. El hecho disponible es otro y merece permanecer a la vista: una persona consultada el 25 de septiembre respondió que las elecciones presidenciales son el inicio. Esa afirmación, difundida por Avendaño, debe circular con su contexto, su fecha y su alcance. Así se evita que el reclamo ciudadano sea diluido, alterado o archivado como si fuera una frase aislada sin relación con el calendario ausente.
Ordenar ese registro también permite distinguir entre lo que ya está dicho y lo que aún será objeto de una decisión política. Está dicho que la publicación presenta un reclamo por presidenciales libres y que señala la falta de una fecha. Está dicho que hay venezolanos que discuten públicamente cuál debe ser el primer paso para recuperar la posibilidad de elegir. La futura Venezuela libre tendrá que reconstruir instituciones independientes capaces de garantizar, documentar e investigar de forma real los procesos electorales y sus consecuencias. Esa tarea no puede presentarse hoy como una garantía ofrecida por las estructuras que conservan el control.
Mientras ese día llega, la memoria pública comienza con actos concretos: conservar los videos, registrar las fechas, proteger las voces de quienes hablan y no borrar la contradicción entre una demanda ciudadana y una agenda que permanece indeterminada. “Desde ahí empieza todo” no cierra el debate venezolano; lo abre donde corresponde. Empieza por el derecho de la gente a decidir y por la obligación de que esa exigencia quede documentada hasta que pueda convertirse en una elección presidencial libre, con instituciones reconstruidas en una Venezuela libre.