Estados Unidos · Fort Hood, Texas, Estados Unidos
Trump aprueba ejecución por fusilamiento de Nidal Hasan; sería la primera militar desde 1961
El Pentágono informó que Donald Trump aprobó la ejecución por pelotón de fusilamiento del exmayor Nidal Hasan, condenado a muerte por el ataque de 2009 en Fort Hood. La medida puede convertirse en la primera ejecución militar estadounidense desde 1961 y reactiva una discusión nacional sobre el castigo capital.

Una aprobación que todavía no fija la fecha
El ataque que en 2009 acabó con la vida de 13 personas y dejó a otras 32 heridas en la base de Fort Hood, Texas, vuelve al centro del debate nacional por una decisión de enorme alcance. El Pentágono informó que Donald Trump aprobó la ejecución por pelotón de fusilamiento de Nidal Malik Hasan, exmayor del Ejército condenado a muerte por ese tiroteo masivo. Si la medida se concreta, sería la primera ejecución realizada por la justicia militar estadounidense desde 1961.
El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, comunicó que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, recomendó el fusilamiento y que Trump dio su aprobación. La decisión presidencial avala tanto la ejecución como el método planteado para aplicarla. La Secretaría del Ejército deberá establecer el lugar y la fecha, dos pasos que sitúan el anuncio en una fase decisiva, pero aún no consumada.
La relevancia histórica no depende solo de la gravedad del caso, sino de la interrupción de más de seis décadas en la aplicación de la pena de muerte dentro de las Fuerzas Armadas. El último miembro del servicio ejecutado por el sistema militar estadounidense fue John Bennett, en 1961. Por eso, el expediente de Hasan no llega únicamente a una instancia final de castigo: vuelve a poner en funcionamiento una facultad que la institución no ejercía desde hace 65 años.
El ataque de 2009 que marcó a Fort Hood
Hasan fue sentenciado a muerte por un jurado militar en 2013, tras el proceso por el ataque cometido cuatro años antes en Fort Hood. La balacera ocurrió en un centro de procesamiento médico de la base, donde personal militar se preparaba para futuros despliegues. El saldo de 13 personas asesinadas y 32 heridas convirtió el hecho en una de las tragedias más graves registradas en una instalación militar de Estados Unidos.
La condena llegó después de un juicio militar que examinó el ataque y atribuyó a Hasan la responsabilidad penal. La decisión anunciada ahora se apoya en aquella sentencia de muerte, no en una acusación nueva ni en una revisión del episodio de 2009. Esa diferencia importa: el anuncio abre la etapa de ejecución de una pena ya impuesta, mientras que los recursos previstos por el sistema conservan su propia trayectoria judicial.
La dimensión humana sigue siendo inseparable de la discusión jurídica. Las 13 muertes y las 32 personas heridas no son un dato accesorio de un debate sobre procedimientos: son el daño que explica por qué Fort Hood permanece como una herida en la memoria militar y civil. Cualquier evaluación pública del caso debe conservar en primer plano a quienes perdieron la vida, a los sobrevivientes y a las familias afectadas por aquel ataque.
Un expediente que aún pasa por instancias judiciales
Las sentencias capitales son excepcionales dentro de la justicia militar. Un análisis publicado este año por Army Lawyer señaló que cuatro hombres, incluido Hasan, permanecían en el corredor de la muerte militar en Fort Leavenworth, Kansas. La escasa cantidad de casos ayuda a dimensionar el alcance del anuncio: no se trata de un mecanismo aplicado de forma rutinaria, sino de una sanción extrema que atraviesa procedimientos de mando, decisiones presidenciales y controles judiciales.
Video publicado por Jonatan Palacios News
Preview audiovisual publicado por @JPActivista
La autorización presidencial representa un paso relevante, pero no elimina las vías legales disponibles. El mismo análisis jurídico militar advierte que una apelación de hábeas corpus ante tribunales federales civiles puede detener el proceso durante años. Hasan conserva la posibilidad de acudir a esos recursos, y serán los tribunales competentes los que determinen el curso de cualquier reclamo que se presente dentro de los plazos establecidos.
Al dejar en manos de la Secretaría del Ejército la fijación del lugar y el momento, el Pentágono describió una ruta de ejecución, no una fecha inmediata. Esa precisión evita convertir el anuncio en un hecho consumado. El precedente histórico, por ahora, nace de la autorización para reactivar una ejecución militar por fusilamiento; su realización dependerá de las decisiones operativas y judiciales que siguen en el expediente.
El pelotón vuelve al centro del debate nacional
La elección del pelotón de fusilamiento añade una dimensión propia al caso. No es un detalle administrativo ni un simple reemplazo de otro método: sitúa a la pena capital militar en una discusión que Estados Unidos también mantiene en sus sistemas estatal y federal. En abril de 2026, el Departamento de Justicia anunció que permitiría los pelotones de fusilamiento dentro del protocolo federal junto con otras alternativas a la inyección letal.
El caso de Hasan cruza dos debates que habitualmente avanzan por rutas distintas. Por un lado está la justicia militar, con su estructura de mando, sus tribunales y la intervención del presidente en determinadas condenas a muerte. Por otro está la discusión pública sobre la pena capital, sus métodos, el riesgo de errores irreversibles y el papel que debe tener el poder ejecutivo ante una sanción que termina con una vida.
La gravedad del ataque de Fort Hood no vuelve innecesarias esas preguntas; las hace más exigentes. Una sociedad puede reconocer el dolor causado por un crimen masivo y, al mismo tiempo, examinar con rigor la forma en que sus instituciones imponen el castigo máximo. La transparencia sobre cada decisión, los recursos judiciales y el método elegido será parte de la credibilidad del proceso, especialmente porque el anuncio aspira a romper una pausa de más de medio siglo.
Un precedente que alcanzará a las Fuerzas Armadas
La decisión tendrá consecuencias que van más allá de Hasan. Si la ejecución se lleva a cabo, la justicia militar estadounidense pasará de una condena capital mantenida durante años a la primera aplicación de esa pena desde 1961. Ese salto obliga a observar cómo se coordinarán el Pentágono, la Secretaría del Ejército y los tribunales, y qué información pública se ofrecerá sobre un proceso que por su naturaleza será examinado dentro y fuera de las Fuerzas Armadas.
También establecerá una referencia para los otros casos capitales del sistema militar. No significa que cada uno tenga el mismo recorrido ni el mismo desenlace: cada expediente conserva sus hechos, sus condenas y sus recursos. Pero la aprobación en el caso Fort Hood demuestra que una sentencia de muerte militar puede volver a recibir impulso ejecutivo después de décadas sin ejecuciones, una señal institucional que será observada por juristas, familiares de víctimas y defensores de derechos humanos.
El anuncio ya reabrió una discusión que Estados Unidos había mantenido en pausa dentro de su aparato militar. El nombre de Nidal Hasan, ligado para siempre a las víctimas de Fort Hood, queda ahora en el centro de un proceso cuya conclusión no depende solo de una orden presidencial. La fecha que establezca el Ejército y las decisiones de los tribunales definirán el desenlace; la obligación pública es que cada paso quede sujeto a la ley, a la claridad y al respeto por la memoria de las personas asesinadas y heridas.