Venezuela: una reforma judicial bajo sospecha vuelve a encender la alarma sobre el control político de la justicia
La discusión sobre una reforma judicial reabre una pregunta esencial: si los tribunales siguen subordinados al poder, cualquier cambio puede convertirse en nueva fachada para la impunidad.
Jonatan Palacios News
Publicado el 19 de junio de 2026.
La justicia no se arregla con una fachada nueva
La reforma judicial que vuelve a moverse en Venezuela no puede evaluarse como un trámite técnico. En un país donde tribunales, fiscalías y cuerpos de seguridad han sido usados durante años para perseguir, intimidar y proteger al poder, hablar de reforma exige mirar quién la impulsa, quién la controla y a quién beneficia. Si la estructura que decide sigue siendo la misma, el cambio de nombre no cambia la naturaleza del problema.
La preocupación de fondo es sencilla: una justicia sin independencia no es justicia. Es una herramienta. Y cuando esa herramienta se coloca al servicio de una estructura política, las víctimas quedan atrapadas entre expedientes manipulados, audiencias sin garantías, jueces sometidos, fiscales obedientes y procesos que se mueven no por derecho, sino por conveniencia.
Venezuela no necesita otra promesa institucional escrita en papeles impecables mientras la vida real sigue marcada por miedo, arbitrariedad y silencio. Necesita tribunales capaces de investigar corrupción, proteger ciudadanos, revisar detenciones arbitrarias, garantizar defensa y poner límites al abuso. Sin eso, cualquier reforma será apenas escenografía.
El país que aprendió a desconfiar de los tribunales
La desconfianza venezolana no nació de la nada. Se construyó durante años con decisiones judiciales contra diputados, partidos, alcaldes, militares disidentes, periodistas, activistas, estudiantes y ciudadanos que terminaron convertidos en enemigos por pensar distinto. La justicia dejó de ser un refugio y se convirtió, para demasiadas familias, en una puerta cerrada.
El daño institucional es profundo porque no se limita a los grandes casos políticos. También afecta al ciudadano común que denuncia un abuso, al trabajador que reclama, al comerciante extorsionado, a la madre que busca a un detenido, al preso que espera una audiencia y al familiar que no recibe información. Cuando el sistema judicial se contamina de obediencia política, la indefensión se vuelve rutina.
Por eso una reforma seria debería empezar por reconocer víctimas, revisar expedientes, liberar a quienes fueron procesados por razones políticas, investigar torturas, sancionar corrupción judicial y devolver autonomía real a jueces y fiscales. Sin esas señales, la palabra reforma queda demasiado cerca de la palabra encubrimiento.
El régimen busca oxígeno, no necesariamente justicia
En esta etapa venezolana, el poder necesita mostrar orden institucional ante actores internacionales, inversionistas, negociadores y sectores que esperan señales de estabilidad. Pero estabilidad sin justicia puede convertirse en otra forma de continuidad autoritaria. El riesgo es que la reforma sirva para presentar un país supuestamente normal mientras por debajo siguen operando los mismos mecanismos de control.
La línea editorial de Jonatan Palacios News es clara: no se puede hablar de normalización mientras las víctimas no tengan respuesta, mientras los presos políticos y perseguidos sigan dependiendo de decisiones discrecionales, mientras los responsables de abusos mantengan cuotas de poder y mientras el aparato judicial no se libere del miedo.
La Venezuela que viene no puede construirse sobre una justicia prestada al poder de turno. Si la reforma es real, debe tocar intereses. Si no toca intereses, no es reforma: es maquillaje. Y un país que ha pagado demasiado caro la impunidad no puede aceptar otra operación cosmética presentada como cambio histórico.
La independencia judicial como prueba de transición
Una reforma judicial real también debe responder una pregunta concreta: ¿quién nombra, quién remueve y quién protege a los jueces? Si el juez sabe que su estabilidad depende del favor político, la sentencia ya nace condicionada. Si el fiscal entiende que investigar a un operador del poder puede costarle el cargo, la investigación muere antes de empezar.
Por eso el país no puede aceptar una reforma que solo cambie organigramas. La prueba será si los tribunales se atreven a tocar casos de corrupción, violaciones de derechos humanos, persecución política y abuso policial sin pedir permiso a Miraflores ni a los operadores del partido. Allí se sabrá si la justicia se está recuperando o si solo le cambiaron el uniforme.
Fuente
El País: https://elpais.com/america/2026-06-19/una-sospechosa-reforma-judicial-en-venezuela.html
Fecha/hora de fuente usada: 19 de junio de 2026, hora Venezuela / UTC-4