Investigaciones · Estados Unidos
El agente de ICE que hirió a Wilber Garcés Pérez operaba sin cámara corporal
Wilber Rafael Garcés Pérez, repartidor venezolano de 28 años, fue herido de bala durante una intervención migratoria en Austin. Fuentes citadas por medios estadounidenses aseguran que el agente de ICE no llevaba cámara corporal, pese al protocolo; las grabaciones divulgadas documentan solo momentos posteriores.

Un venezolano herido y el registro que falta
Wilber Rafael Garcés Pérez, repartidor venezolano de DoorDash de 28 años, recibió un disparo durante una intervención de agentes de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, ICE, en Austin, Texas. El hecho ocurrió mientras realizaba entregas y terminó con el joven bajo custodia migratoria y con una bala alojada en el cuerpo, según su abogada. El dato que concentra la atención del caso no es menor: reportes de The Atlantic y NBC News señalan que el agente de ICE que abrió fuego no llevaba puesta su cámara corporal, aunque las reglas internas exigen activar ese equipo antes de una acción de control migratorio.
La falta de esa grabación deja sin un registro directo el instante en que un venezolano resultó herido. La secuencia ahora depende de dos relatos enfrentados: uno atribuido a fuentes del Departamento de Seguridad Nacional, DHS, y otro expuesto por Garcés Pérez a través de un intérprete durante una conferencia de prensa. La cámara no habría sustituido una investigación ni dictado por sí sola una conclusión, pero habría preservado órdenes, movimientos, posiciones y segundos decisivos que hoy pesan sobre el caso.
El Departamento de Policía de Austin difundió imágenes captadas después del tiroteo, durante la detención de Garcés Pérez. Ese material sitúa la intervención en el espacio público y registra el tramo posterior a la herida. Sin embargo, no reemplaza la grabación que debió acompañar la actuación inicial del agente que disparó. La diferencia entre un operativo registrado desde el comienzo y unas imágenes posteriores es central: en el primer caso, la evidencia sigue la cronología completa; en el segundo, el momento que desató todo queda sometido a versiones contrapuestas.
Dos relatos sobre los segundos antes del disparo
Funcionarios del DHS citados por The Atlantic sostuvieron que los agentes de ICE intentaron detener el vehículo de Garcés Pérez y que él huyó, presuntamente después de casi atropellar a uno de ellos. Según esas fuentes, un segundo agente llevaba una cámara corporal y registró ese momento. La versión añade que los agentes volvieron a intentar detener al repartidor, que este se alejó otra vez en su vehículo y que entonces uno de los agentes abrió fuego.
Garcés Pérez describió una secuencia distinta durante la conferencia de prensa. Por teléfono y con apoyo de un intérprete, afirmó que estaba dando vuelta en U y procurando estacionar cuando los agentes embistieron su automóvil y le dispararon en la nuca. Esa declaración identifica un momento y una dinámica diferentes a los planteados por las fuentes oficiales. La contradicción no es un detalle narrativo: define si el disparo ocurrió ante una amenaza inmediata, como sugieren las fuentes del DHS, o en medio de una maniobra de estacionamiento, como denuncia el venezolano herido.
La existencia de una cámara corporal en poder de un segundo agente adquiere por eso un valor concreto. Las fuentes citadas dijeron que ese dispositivo registró el episodio en que Garcés Pérez habría estado cerca de atropellar a un agente; la divulgación íntegra y contextualizada de cualquier registro disponible permitiría contrastar la duración de la persecución, las advertencias previas y la distancia entre los vehículos. También impediría que una selección aislada de segundos sustituya la cronología que necesita conocer el público.
La herida, la custodia migratoria y una disputa de papeles
Kate Lincoln-Goldfinch, abogada de Garcés Pérez, afirmó que la bala sigue alojada en el cuerpo de su cliente. Expuso además que el joven tuvo que ser trasladado de nuevo a un hospital desde el centro de detención de ICE después de presentar dificultades para levantar un brazo. El dolor y la atención médica no son un asunto secundario frente a la discusión sobre el operativo: un hombre que estaba trabajando como repartidor quedó con una lesión grave mientras permanece bajo control migratorio.
La defensa también ha planteado que Garcés Pérez entró legalmente a Estados Unidos tras ser inspeccionado por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza y obtener un permiso de trabajo. El DHS respondió que ese permiso había expirado en 2025. Lincoln-Goldfinch añadió que una orden de deportación fue emitida en ausencia porque la notificación de la audiencia habría sido enviada a una dirección equivocada. Son asuntos migratorios que cada parte presenta de manera distinta, pero ninguno elimina la necesidad de establecer cómo y por qué un agente usó su arma durante la intervención.
DoorDash informó a NBC News que abrió una investigación sobre el tiroteo. La empresa tiene un interés directo en esclarecer lo ocurrido a un repartidor que se encontraba realizando entregas, aunque su proceso no reemplaza el deber de conservar los registros operativos. El caso muestra el cruce de tres condiciones que no deberían confundirse: Garcés Pérez es un migrante sometido a un procedimiento administrativo, un trabajador que estaba cumpliendo una jornada de reparto y una persona herida por un agente federal. Su estatus migratorio no reduce la gravedad de la herida ni convierte la ausencia de una cámara en un asunto menor.
Video publicado por Jonatan Palacios News
Preview audiovisual publicado por @JPActivista
Un recluta, una cámara entregada y un protocolo ignorado
Tres funcionarios del DHS dijeron a The Atlantic que el tirador era un agente en prácticas, contratado el año anterior, y que no llevaba cámara corporal. Las fuentes no revelaron su identidad, aunque indicaron que antes había trabajado en otra agencia federal de seguridad. La condición de recluta vuelve más delicada la decisión de permitir que una actuación de alto riesgo quedara fuera del equipo de registro que ICE exige para sus operaciones.
Las normas descritas por los medios establecen que los agentes de ICE deben encender sus cámaras antes de emprender acciones de control migratorio y mantener el registro hasta que el incidente concluya. Autoridades consultadas por NBC News señalaron que al agente se le había asignado una cámara corporal, pero que no la llevaba puesta. No se trata, por tanto, de un dispositivo inexistente o de una carencia general de equipo: la información disponible sitúa el problema en el uso de una herramienta que estaba entregada y debía estar activa.
Una cámara corporal no es una formalidad administrativa cuando una detención escala hasta un disparo. Su función es fijar una memoria verificable de lo que el agente observa, ordena y ejecuta, y de lo que ocurre alrededor de la persona intervenida. Ese registro puede proteger a quien denuncia un abuso y también a un agente cuya actuación haya seguido la ley. En Austin, el equipo que debía acompañar al tirador no estaba puesto; esa omisión deja a Garcés Pérez con una herida, al agente sin un registro propio de su versión y a la opinión pública frente a un vacío producido en el punto más crítico del operativo.
Las imágenes posteriores y el reclamo por la secuencia completa
Las imágenes difundidas por la Policía de Austin constituyen una pieza relevante del expediente público porque muestran lo ocurrido después de que Garcés Pérez fue alcanzado por el disparo. Su valor está en fijar el contexto de la detención y en confirmar que agentes locales acudieron a la escena. También delinean el límite de lo que ha llegado al público: la discusión principal gira alrededor de las decisiones tomadas antes y durante el uso del arma por parte de ICE.
Lincoln-Goldfinch ha pedido que ICE muestre las grabaciones de cámara corporal y de tablero antes de que se acepte como definitiva cualquier caracterización de Garcés Pérez como una persona que huía o actuaba de forma agresiva. El reclamo no transforma automáticamente la versión de la defensa en hecho probado; sí apunta a una exigencia elemental de trazabilidad. Cuando la institución afirma que un vehículo casi atropelló a un agente y la persona herida describe una embestida seguida de un disparo, el registro visual, las comunicaciones operativas y los datos del vehículo son piezas que deben preservarse con su contexto.
La cámara del segundo agente, mencionada por las fuentes del DHS, puede ayudar a ubicar una parte de la secuencia. Su existencia también obliga a distinguir entre grabar un momento previo y documentar el instante exacto en que se disparó. El público necesita una cronología completa, no frases sueltas que conviertan un tramo de video en explicación total. La transparencia en este caso comienza por resguardar cada registro disponible, identificar su momento dentro del operativo y evitar que la versión de una sola parte ocupe el lugar de la evidencia.
Un caso dentro de la expansión migratoria de ICE
El tiroteo de Austin se suma a otros episodios recientes que involucran a agentes de ICE. Dos meses antes, un agente mató en Houston a Lorenzo Salgado Araujo, de origen mexicano. En aquel caso, el DHS afirmó que Salgado Araujo embistió un vehículo de ICE y lo utilizó como arma para intentar atropellar a un agente. Esa es la versión atribuida por el departamento sobre un hecho distinto; su antecedente, sin embargo, muestra por qué cada uso de fuerza en operativos migratorios requiere registros preservados y relatos sometidos a contraste público.
El contexto también es el de una expansión acelerada de la estructura migratoria estadounidense. Datos gubernamentales analizados por Associated Press y publicados por Deportation Data Project ubicaron en 49.571 los arrestos realizados por ICE solo en julio. A comienzos de año, el DHS declaró haber recibido 220.000 solicitudes para sumarse a la agencia y aseguró que 12.000 nuevos agentes ya operaban en el país. Más personal, más detenciones y reclutas desplegados amplían la necesidad de controles que funcionen precisamente cuando una actuación se vuelve peligrosa.
El caso de Wilber Rafael Garcés Pérez no puede cerrarse con la etiqueta de una versión oficial ni con la sola denuncia de su defensa. Hay una persona herida, una bala que, según su abogada, permanece en su cuerpo, imágenes oficiales posteriores, un segundo dispositivo que las fuentes dicen que grabó parte de la secuencia y una cámara corporal que el tirador debía llevar, pero no llevaba. Esos elementos forman una obligación de memoria: preservar el material completo, exponer la cronología y no permitir que la falta de un registro obligatorio borre los segundos en que la vida de un repartidor venezolano cambió en Austin.