SIPA · Ecuador
Madre y nueve cachorros fueron puestos a salvo tras incendio que afectó 300 hectáreas en Casitagua
Una perra y sus nueve cachorros fueron evacuados desde el perímetro del incendio forestal de Casitagua, en el norte de Quito, y trasladados para valoración médica. El Municipio reportó unas 300 hectáreas afectadas y mantuvo labores de liquidación de focos, por lo que la emergencia no estaba cerrada.

Una madre y nueve cachorros fuera del perímetro del fuego
Una perra y sus nueve cachorros fueron evacuados del perímetro afectado por el incendio forestal del cerro Casitagua, en Quito, y trasladados a un espacio seguro para valoración médica integral y monitoreo. Las brigadas de rescate los retiraron de manera definitiva del área de riesgo mientras la emergencia continuaba, una decisión que protegió a una madre y a sus crías en un momento en el que cada minuto podía marcar la diferencia.
El rescate formó parte del despliegue de la Unidad de Bienestar Animal del Municipio de Quito en el sector de Pomasqui. Vistazo informó el 21 de septiembre que el equipo operativo acudió durante la madrugada para asistir a los animales afectados por el incendio y coordinó las acciones con las entidades municipales de control e intervención presentes en la zona. El traslado de la familia animal tuvo como propósito asegurar su revisión veterinaria y un seguimiento posterior.
La madre y la camada no fueron un dato accesorio de la emergencia ni una carga que debía ser retirada del camino. Son seres sintientes que dependían de una salida segura frente a un fuego que comprometía el territorio donde se encontraban. Que hayan sido puestos a salvo obliga a mirar el incendio también desde esa dimensión: proteger la vida no humana es parte central de responder a un desastre ambiental, no un añadido cuando las llamas ya han avanzado.
Atención veterinaria en Pomasqui durante la madrugada
La intervención no se limitó a la evacuación de la perra y sus crías. Según el reporte de Vistazo, médicos veterinarios de la Unidad de Bienestar Animal atendieron en el sitio a tres perros que permanecían junto a sus familias en la zona de riesgo. La presencia de animales junto a hogares expuestos muestra que el perímetro de una emergencia no contiene solo vegetación: también alcanza vínculos de cuidado y vidas que necesitan una ruta segura para salir.
Uno de esos perros recibió primeros auxilios por una herida superficial atribuida a la emergencia. El parte difundido no describe lesiones graves ni ofrece un balance veterinario general de los animales de la zona, pero sí deja constancia de una atención inmediata ante una afectación concreta. Esa respuesta importa porque el dolor de un animal no pierde relevancia por ser visible solo en una herida menor: requiere atención, alivio y seguimiento con la misma seriedad que cualquier otra consecuencia del fuego.
Para la madre y los nueve cachorros, el espacio seguro anunciado por la UBA abre una etapa distinta a la del rescate: valoración integral y monitoreo. Sacarlos del perímetro era indispensable, pero el bienestar no termina con cruzar una línea de seguridad. La revisión profesional permitirá atender las necesidades que presente cada integrante de la familia, sin convertirlos en una imagen de emergencia ni reducirlos a una cifra útil para el balance del operativo.
Trescientas hectáreas afectadas y focos todavía en liquidación
El Municipio de Quito informó el 21 de septiembre que el incendio en Casitagua había afectado alrededor de 300 hectáreas y que continuaban las labores de liquidación de focos. La cifra da una dimensión del territorio impactado, pero no debe ocultar lo que representa en el terreno: vegetación quemada, áreas naturales expuestas y animales que pueden quedar rodeados, desplazados o separados de los espacios donde encuentran refugio y alimento.
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La comunicación municipal también señaló que el incendio se reactivó durante la tarde por las complejas condiciones del lugar y que los equipos seguirían trabajando durante la noche para contenerlo. Ese dato impide presentar la emergencia como un episodio cerrado. Mientras el Municipio reportaba tareas de liquidación y contención, el riesgo seguía requiriendo vigilancia en el cerro y atención para los animales que permanecieran en sectores vulnerables.
La Unidad de Bienestar Animal indicó que mantendría brigadas activadas en los puntos más expuestos para asistir a animales que necesitaran atención médica o rescate. Esa continuidad es clave: el operativo que salvó a la madre y a sus nueve cachorros no agota la necesidad de protección en un paisaje afectado por el fuego. Las familias del sector también necesitan información clara para identificar cuándo es seguro permanecer, evacuar con sus animales o solicitar apoyo veterinario.
El costo animal de un incendio que no se reduce a hectáreas
Un incendio forestal nunca se mide únicamente por la extensión quemada. Las hectáreas permiten dimensionar la escala, pero no nombran por sí solas a los animales que viven, se alimentan, se reproducen o buscan refugio en esos espacios. La familia rescatada en Casitagua devuelve rostro a esa realidad: una perra y nueve cachorros quedaron expuestos a una emergencia que podía alterar de forma drástica su supervivencia y su bienestar.
El Municipio recordó que la quema de vegetación y las quemas no controladas ponen en riesgo directo a la población, la fauna urbana, la biodiversidad y las zonas naturales de la capital. La advertencia conecta el rescate de perros con una responsabilidad más amplia. Los animales de compañía no son los únicos seres afectados cuando arde un cerro; la fauna que habita o atraviesa esos ecosistemas también enfrenta humo, calor, pérdida de cobertura vegetal y desplazamiento.
Hablar de biodiversidad no debe convertirla en una palabra abstracta. Significa reconocer que los cerros sostienen relaciones de vida que no pueden reponerse con rapidez después del fuego. También significa entender que la prevención no tiene como único objetivo evitar daños materiales. Cada foco que se evita reduce la posibilidad de que otra camada, otro perro junto a su familia o un animal silvestre quede atrapado en una situación de la que no puede escapar sin ayuda.
Prevenir las quemas para que el rescate no llegue tarde
La evacuación de la madre y sus nueve cachorros ofrece una lección concreta para Quito: la protección animal debe estar incorporada desde el inicio de la respuesta a los incendios. Evitar la quema de vegetación y las prácticas no controladas es una medida de cuidado hacia personas, animales y ecosistemas. Cuando el fuego se extiende, el rescate se vuelve urgente; antes de que eso ocurra, la prevención puede impedir que el peligro alcance a quienes tienen menos posibilidades de ponerse a salvo por sus propios medios.
El Municipio y la UBA ya situaron brigadas y atención veterinaria en el territorio afectado. Mantener esa capacidad mientras haya focos en liquidación permite que nuevos casos sean atendidos sin demora y que las familias no tengan que elegir entre protegerse y abandonar a los animales con quienes conviven. La respuesta debe conservar ese enfoque: evacuar juntos, atender heridas, trasladar a espacios seguros y sostener el monitoreo hasta que el riesgo realmente haya cedido.
Casitagua deja una imagen que no debería perderse entre las cifras: una madre y sus nueve cachorros salieron de un perímetro en llamas porque hubo un rescate a tiempo. La emergencia todavía exigía trabajo de contención y liquidación, según el reporte municipal, y por eso la prioridad sigue siendo proteger cada vida que el fuego pueda alcanzar. Cuidar el cerro y frenar las quemas no controladas también es cuidar a quienes no pueden pedir auxilio con palabras.