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ELN, señalado en informes de inteligencia como aliado del Cártel de los Soles, tenía ocho personas secuestradas en el Catatumbo
Ocho personas fueron rescatadas en zona rural de Convención, Norte de Santander, tras una retención atribuida al ELN. Informes de inteligencia divulgados por la prensa y análisis especializados sitúan al grupo en una red transfronteriza marcada por presuntos vínculos con el régimen venezolano y el denominado Cártel de los Soles.

Una voz al otro lado del cautiverio
Un joven liberado en Norte de Santander volvió a escuchar la voz de su madre después del operativo que, según los reportes disponibles, permitió sacar con vida a ocho personas que estaban secuestradas. La frase que quedó registrada en la llamada, “Me hacía mucha falta, mamá”, concentra una historia que ninguna cifra alcanza a resumir: detrás de cada rescate hay familias que viven la ausencia como una herida diaria y esperan una señal que confirme que su ser querido sigue vivo.
La secuencia difundida por ÚltimaHoraCaracol en X recoge el saludo entre madre e hijo y el alivio posterior a la operación. El intercambio es breve, pero cambia por completo la escala del hecho. La noticia deja de ser solamente un balance de seguridad y se convierte en el regreso de una persona a su vínculo más inmediato. Los reportes de Diario del Sur y hsb Noticias añadieron que entre los liberados había un menor de edad, otro dato que subraya la dimensión humana de lo ocurrido.
La llamada no necesita adornos para mostrar el costo del secuestro. En pocos segundos aparecen el miedo acumulado, la incertidumbre de una familia y la necesidad de escuchar una voz conocida para empezar a creer que el peligro terminó. La recuperación física abre una etapa distinta, pero no borra lo vivido. Para las ocho personas rescatadas, la libertad recuperada exige acompañamiento, protección y un entorno que permita reconstruir la vida sin convertir el dolor en espectáculo.
La operación fue reportada en zona rural de Convención
Diario del Sur y hsb Noticias situaron el rescate en la finca El Carmelo, dentro del área general del Parque Nacional Natural Catatumbo Barí, en jurisdicción de Convención, Norte de Santander. Ambas publicaciones identificaron la acción como operación Samael No. 009, en el marco de Salomón No. 002. La ubicación importa: se trata de una zona rural del Catatumbo donde el aislamiento puede aumentar la vulnerabilidad de quienes quedan bajo control de grupos armados.
La información difundida junto con la llamada atribuye la intervención a una acción coordinada entre el Ejército Nacional, la Policía y la Fuerza Aérea Colombiana. Los portales que reseñaron el caso también señalaron la participación de unidades del GAULA y describieron una incursión rápida sobre el punto donde estaban retenidas las víctimas. Esos detalles proceden de los reportes publicados; el dato central que comparten las fuentes es la liberación de ocho personas durante la operación.
Hablar de una acción coordinada no obliga a reducir el resultado a una fórmula militar. El resultado concreto son ocho personas fuera del cautiverio y familias que pudieron recibir una noticia distinta a la de la incertidumbre. Los medios citados indicaron que los liberados salieron con vida, mientras que la pieza compartida en X aportó la evidencia emocional de una conversación familiar. Esa combinación explica por qué el caso trasciende el parte operativo: cada persona recuperada representa una interrupción directa del daño causado por el secuestro.
ELN: una red armada bajo señalamientos en Venezuela
Las fuentes entregadas atribuyen la retención al Frente de Guerra Nororiental del ELN. Diario del Sur y hsb Noticias sostuvieron que las víctimas estaban en poder de esa estructura antes del rescate, mientras que el titular difundido en X también identificó al ELN en relación con el secuestro. La atribución ubica el caso dentro de la persistencia de la violencia armada en el Catatumbo y evita presentar la privación de libertad como un episodio aislado.
El hecho ocurre en una frontera donde el ELN ha consolidado presencia en territorio venezolano. La Agencia de Asilo de la Unión Europea recoge que, del lado venezolano, el grupo es ampliamente percibido como una organización armada que opera con tolerancia estatal y, en algunos casos, en apoyo de intereses estatales. Ese diagnóstico no convierte las denuncias en sentencias, pero sí exige que la cobertura y las autoridades las traten con la seriedad que merece una red que combina control territorial, extorsión, narcotráfico y minería ilegal.
Documentos de inteligencia fechados entre febrero y mayo de 2025, reportados por EL TIEMPO, señalaron presuntos nexos entre el ELN, funcionarios venezolanos y el denominado Cártel de los Soles. Según esa investigación, los documentos describen al ELN como un aliado estratégico del gobierno de Nicolás Maduro y le atribuyen la protección de corredores de droga, oro y combustible. Son señalamientos de inteligencia que requieren investigación independiente y no una decisión judicial sobre personas específicas, pero no pueden borrarse del debate sobre la seguridad en Catatumbo y la frontera.
Video publicado por Jonatan Palacios News
Preview audiovisual publicado por @JPActivista
Freddy Bernal, una figura del aparato chavista que ocupa de facto la Gobernación de Táchira, reconoció en 2023 que estructuras del ELN, disidencias de las FARC y el Clan del Golfo operan en la frontera entre Colombia y Venezuela. Ese reconocimiento público confirma que la presencia de estos grupos no es una hipótesis remota. Las autoridades regionales y nacionales tienen el deber de explicar qué medidas efectivas se adoptan para impedir que el control armado, los secuestros y las economías ilegales encuentren tolerancia o espacio de actuación en la frontera.
El secuestro tiene un efecto que se multiplica fuera del lugar de cautiverio. Una persona desaparece de su casa, de su trabajo, de sus estudios y de la rutina de quienes dependen de ella. La familia queda atrapada en una espera que condiciona cada llamada y cada noticia. En este caso, la frase del joven liberado permite entender que la violencia no termina en la captura: alcanza también a quienes aguardan sin saber si podrán volver a abrazar a alguien querido.
La información aportada se concentra en el operativo y en la posterior comunicación con la familia, sin atribuir un móvil específico para la retención. Esa precisión no disminuye la gravedad del hecho. Privar a una persona de su libertad somete a víctimas y allegados a una forma de violencia que altera su seguridad, su salud emocional y sus planes de vida. El valor de este rescate debe medirse, ante todo, en la restitución de ese derecho y en el cuidado que las víctimas requieren después.
El Catatumbo convierte un rescate local en una alerta regional
La operación fue reportada en territorio colombiano, en una región fronteriza con Venezuela. Esa geografía amplía la relevancia de lo ocurrido sin forzar una conexión que las fuentes no describen: el Catatumbo es un espacio donde las comunidades viven las consecuencias de la violencia armada, los desplazamientos y la fragilidad de los caminos rurales. Un secuestro en esa zona repercute sobre redes familiares y sociales que muchas veces exceden los límites de un municipio.
Para la audiencia de Colombia, Venezuela y otros países de la región, el caso expone una realidad compartida por las zonas de frontera: la seguridad de las personas no puede medirse únicamente por los anuncios de un operativo, sino por la posibilidad real de transitar, trabajar, estudiar y volver a casa sin quedar a merced de un grupo armado. La llamada entre el joven y su madre resume esa aspiración elemental mejor que cualquier discurso de victoria.
La dimensión regional también está en el desafío de evitar que la liberación sea solo una noticia de un día. Las comunidades fronterizas necesitan prevención, información confiable y presencia capaz de proteger a la población civil sin ponerla en mayor riesgo. La cooperación entre instituciones colombianas, organizaciones humanitarias y redes comunitarias puede ser decisiva cuando está orientada a prevenir nuevas retenciones, atender a las víctimas y resguardar a quienes denuncian hechos de violencia.
Después del rescate empieza la recuperación de las víctimas
La salida del cautiverio es un punto de partida, no un cierre automático. Las ocho personas recuperaron la posibilidad de volver a sus familias, pero el impacto de una retención puede permanecer en la salud, el sueño, la confianza y la vida cotidiana. La atención médica y psicosocial, la seguridad para los liberados y el acompañamiento a sus parientes son parte de una respuesta que reconoce a las víctimas como personas, no como el desenlace estadístico de una operación.
La comunicación de uno de los liberados con su madre debe conservarse como el centro moral de esta historia. Las expresiones de precisión quirúrgica o éxito operativo solo adquieren sentido si se traducen en vidas protegidas y en el respeto a la dignidad de quienes sobrevivieron al cautiverio. La cobertura responsable también exige que la identidad y las circunstancias personales de las víctimas se traten con cuidado, especialmente cuando las fuentes indican que entre ellas había un menor de edad.
Los reportes disponibles describen una liberación de ocho personas y una llamada que devolvió tranquilidad a una familia. Ese es el dato que merece permanecer cuando pase la urgencia informativa. El Catatumbo no necesita más relatos que conviertan a las víctimas en una nota de fondo: necesita que cada rescate impulse protección efectiva, acompañamiento sostenido y una respuesta que ponga la libertad y la vida de las personas por encima de cualquier narrativa de poder.