ALEX SAAB SE DECLARA CULPABLE: ¿DIOSDADO CABELLO TEME POR SU HIJA DANIELA?

Alex Saab admitió ante una corte federal de Miami su participación en una conspiración para lavar dinero vinculada al programa CLAP. El acuerdo incluye la renuncia a US$195 millones y pone bajo foco la ruta de fondos que, según la Fiscalía estadounidense, salieron de contratos destinados a alimentos.

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ALEX SAAB SE DECLARA CULPABLE: ¿DIOSDADO CABELLO TEME POR SU HIJA DANIELA?

Alex Saab admitió ante una corte federal de Miami su participación en una conspiración para lavar dinero vinculada al programa CLAP. El acuerdo incluye la renuncia a US$195 millones y pone bajo foco la ruta de fondos que, según la Fiscalía estadounidense, salieron de contratos destinados a alimentos.

JPNJonatan Palacios NewsPublicado el 16 de septiembre de 2026.
Alex Saab admite en Miami una conspiración de lavado ligada al CLAP
Imagen editorial principal: Jonatan Palacios News para esta cobertura.

Una admisión ante la Corte del Distrito Sur de Florida

Alex Saab, empresario colombiano de 54 años señalado por Estados Unidos como presunto testaferro de Nicolás Maduro, se declaró culpable el 15 de septiembre en una corte federal de Miami de un cargo de conspiración para lavar dinero. La admisión cambia el eje del caso: ya no se trata solo de los señalamientos de la Fiscalía estadounidense sobre una red de contratos y sobornos, sino de la aceptación ante una jueza de responsabilidad penal por ese delito.

Durante la audiencia ante la jueza Kathleen M. Williams, Saab sustituyó la declaración de no culpabilidad presentada el 24 de julio por una admisión formal. Los reportes de la sesión señalan que respondió que era culpable cuando fue consultado por el cargo. La declaración no equivale aún a una sentencia: la pena será fijada más adelante por el tribunal federal, dentro de un proceso cuyo acuerdo completo no fue expuesto públicamente en sala.

El cargo admite una pena máxima de 20 años de prisión, aunque el resultado final dependerá de la decisión judicial y de los términos que el tribunal acepte. La diferencia importa: Saab no fue condenado en esta audiencia ni se comunicó una pena cerrada. Lo que sí quedó asentado es su cambio de declaración y su admisión de haber participado en la conspiración objeto del caso.

Un acuerdo con US$195 millones en juego

El acuerdo de 12 páginas alcanzado con la Fiscalía estadounidense contempla, según France 24, que Saab renuncie a 195 millones de dólares. La cifra figura como una de las piezas centrales del pacto y responde a lo que la acusación estadounidense atribuye a ganancias ilícitas vinculadas a la trama. Durante la audiencia, los detalles íntegros del documento no fueron divulgados, por lo que el alcance preciso de cada compromiso seguirá dependiendo de las actuaciones que se hagan públicas.

Las informaciones sobre el pacto también apuntan a una posible cooperación de Saab con investigaciones federales en curso. France 24 informó que esa colaboración podría involucrar a otros cuatro acusados y que los fiscales contemplaron pedir beneficios si resultara útil. Ninguna de esas posibilidades debe leerse como resultado asegurado: la cooperación, sus contenidos y cualquier efecto sobre una pena futura estarán sujetos al curso del expediente.

Los 195 millones de dólares dan una dimensión patrimonial al caso, pero no reemplazan las preguntas que deja la ruta de esos recursos. El dinero que, según la acusación, pasó por cuentas en Estados Unidos estaba conectado con contratos de alimentos subsidiados y, posteriormente, con operaciones de petróleo. Cada documento judicial que detalle beneficiarios, empresas y transferencias puede aportar elementos para reconstruir quiénes se beneficiaron de una estructura levantada alrededor de necesidades básicas de la población venezolana.

El CLAP, el programa de alimentos bajo la lupa

El Departamento de Justicia de Estados Unidos sostiene que, entre 2015 y 2019, Saab formó parte de una red que pagó sobornos a personas que ocupaban cargos dentro de la estructura que controla el poder en Venezuela para obtener contratos millonarios del Comité Local de Abastecimiento y Producción, conocido como CLAP. Esa es una acusación de la Fiscalía, distinta de la declaración de culpabilidad por conspiración para lavar dinero que Saab hizo en Miami.

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De acuerdo con el Departamento de Justicia, la trama utilizó empresas de fachada y documentos falsificados para mover cientos de millones de dólares destinados a la compra de alimentos. La acusación sostiene que los fondos circularon después por cuentas bancarias en Estados Unidos. Estas afirmaciones describen la arquitectura que persigue la Fiscalía; la audiencia del 15 de septiembre se concentró en la conspiración de lavado y no difundió un relato exhaustivo de todos los hechos imputados.

El vínculo con el CLAP le da al caso una dimensión que supera los balances financieros. El programa fue presentado por el régimen venezolano como mecanismo de alimentos subsidiados en un país golpeado por la crisis económica y la precariedad alimentaria. Por eso, las alegaciones de desvío no se reducen a una disputa entre empresas: sitúan bajo escrutinio fondos asociados a un sistema que alcanzaba a hogares que dependían de esas cajas para sostener su alimentación.

De los sobornos alegados a las operaciones petroleras

Según el relato del Departamento de Justicia citado por El País, el esquema se extendió a negocios petroleros cuando las sanciones de Washington dificultaron pagos a proveedores del programa. La acusación indica que Saab y sus cómplices aprovecharon su acceso a figuras del régimen venezolano para vender crudo de PDVSA y transferir ingresos a través de cuentas en Estados Unidos. Esas operaciones forman parte del marco descrito por la Fiscalía, no de una condena ya dictada.

El cambio de postura en menos de dos meses reordena el valor de las pruebas que puedan presentarse después. Una declaración de culpabilidad puede cerrar la discusión sobre el cargo admitido, pero no despeja por sí sola todos los vínculos, beneficiarios ni responsabilidades que la investigación estadounidense ha atribuido a la red. Las próximas actuaciones cobrarán relevancia por los nombres, registros bancarios y sociedades mercantiles que logren incorporarse oficialmente al expediente.

El caso exige precisión para evitar dos errores opuestos: convertir las denuncias de corrupción en una sentencia que todavía no existe, o minimizar una admisión de culpabilidad que ocurrió ante una corte. Saab ha aceptado responsabilidad por la conspiración para lavar dinero; las demás conductas y participantes deben describirse conforme aparezcan en documentos judiciales o anuncios formales de la Fiscalía estadounidense. La delimitación jurídica importa porque la opacidad no puede volver a cubrir un proceso que ya dejó una admisión bajo juramento.

Daniella Cabello queda en el foco

El siguiente tramo de esa arquitectura lleva al CIIP. Cuando Álex Saab presidió el organismo, Marca País, dirigida por Daniella Cabello —hija de Diosdado Cabello—, estaba adscrita a esa estructura. No se trata de un vínculo indirecto: Saab encabezaba el organismo superior del que dependía Marca País.

También hay un registro público de ambos en actividades oficiales relacionadas con inversión, exportaciones y promoción económica. Esa presencia compartida no es una referencia aislada, sino parte de una estructura administrativa que conectaba al CIIP con la entidad que presidía Daniella Cabello.

Si la información de Saab permite a los fiscales reconstruir documentos, reuniones, operaciones y personas de su gestión en el CIIP, Daniella Cabello aparece dentro de ese mapa institucional. Diosdado Cabello tiene razones para estar preocupado por el lugar que ocupó su hija en esa estructura: el punto por despejar es hasta dónde llega la información de Saab y qué nombres puede revelar.

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