Venezuela
Diosdado Cabello convierte su programa en una vitrina de ataques mientras enfrenta cargos federales en Estados Unidos
La emisión 578 de Con El Mazo Dando registra a Diosdado Cabello escogiendo adversarios, lanzando insultos y admitiendo que decide a quién exhibe en pantalla. Los seis pasajes documentados cobran especial relevancia frente a la acusación federal pendiente en Estados Unidos, una recompensa de hasta US$25 millones y la sanción que OFAC impuso en 2018.

La emisión 578 de Con El Mazo Dando dejó un registro que debe observarse más allá de la anécdota televisiva. En seis pasajes verificados, Diosdado Cabello selecciona nombres, formula insinuaciones, reparte insultos y convierte la burla en un recurso de exposición pública. El interés periodístico no consiste en reproducir como propias las etiquetas del programa, sino en documentar cómo una fuente alineada con el aparato que controla Venezuela utiliza la pantalla para señalar a personas que no están presentes, no pueden preguntar, no pueden contradecir y no disponen de derecho a réplica dentro de la misma emisión.
Jonatan Palacios News trata este material como objeto de contraste, nunca como voz editorial. Cada calificativo citado a continuación pertenece a Cabello y queda expresamente atribuido a él. Las secuencias fueron extraídas sin alterar su orden ni su sentido: Miguel Ángel Rodríguez, Henrique Capriles, la frase «factura el que yo quiera», Orlando Avendaño, Juan Guaidó y María Corina Machado. La lectura conjunta revela una metodología repetida: escoger a una persona, imponerle una descripción, atribuirle intenciones y cerrar el segmento con una frase diseñada para ridiculizarla ante la audiencia.
Miguel Ángel Rodríguez: «miserable», «rática» y la insinuación sobre quién le paga
En el primer pasaje, situado en el minuto 27:28 de la transmisión, Cabello dirige su atención hacia Miguel Ángel Rodríguez. Lo llama «miserable» y «rática»; luego afirma que lo muestra «a propósito para que factures algo» y pregunta quién le paga. Las palabras no son una caracterización de este medio: son expresiones pronunciadas por Cabello desde su programa. El fragmento importa porque combina el insulto con una insinuación económica y porque esa insinuación se formula sin exhibir, dentro de la secuencia, una prueba que permita comprobar el supuesto pago.
La escena tampoco funciona como una entrevista. Rodríguez no aparece para responder, explicar su trabajo o exigir que la acusación sea sustentada. Cabello controla el material que se proyecta, el tiempo asignado, el tono del comentario y la conclusión. Esa asimetría convierte una mención personal en una exposición unilateral. Documentarla no implica validar el ataque; implica dejar constancia de quién lo pronunció, contra quién fue dirigido y desde qué posición comunicacional se difundió.
Henrique Capriles: del cuestionamiento a la descalificación
El segundo corte, desde el minuto 50:42, se concentra en Henrique Capriles. Cabello le pregunta qué hizo para ayudar a personas afectadas y, casi de inmediato, lo llama «un inmoral de la política». Después remata el segmento con la expresión «Capriladas». Es Cabello quien utiliza esos términos. La secuencia ofrece una muestra clara de cómo una pregunta que podría conducir a un contraste de gestión es desplazada hacia la descalificación personal y hacia una palabra concebida para convertir el apellido del aludido en motivo de burla.
El problema editorial no está en que exista una crítica política fuerte. La crítica es legítima cuando identifica hechos, presenta documentos y permite examinar responsabilidades. Aquí, sin embargo, la pantalla pertenece a una sola parte: Cabello formula la pregunta, suministra la respuesta, asigna el calificativo y conserva la última palabra. El registro debe preservarse precisamente porque muestra esa concentración de funciones dentro de una emisión vinculada al aparato oficialista.
«Factura el que yo quiera»: una frase que expone quién controla la pantalla
El tercer pasaje, a partir del minuto 54:03, resume la lógica del programa con palabras del propio Cabello: «No van a facturar por cuenta mía; factura el que yo quiera». A continuación añade que él decide si los nombra o no. No hace falta atribuirle a la frase un significado oculto. Su sentido observable está en la admisión de control: el conductor escoge quién obtiene exposición, quién es mencionado y quién queda fuera. La selección no responde a un proceso abierto de preguntas y respuestas, sino a una decisión unilateral del dueño del micrófono.
La frase también ayuda a leer los demás cortes. Cuando Cabello exhibe a una persona, la ridiculiza o insinúa que recibe pagos, lo hace desde una plataforma en la que él mismo afirma decidir a quién nombra. Por eso el fragmento no debe presentarse aislado como una ocurrencia. Es la pieza que conecta los ataques personales y permite comprender la estructura de la emisión: una tribuna donde el conductor elige el blanco, define el encuadre y administra la visibilidad.
Orlando Avendaño: señalar a un periodista sin permitirle responder
En el cuarto corte, desde el minuto 56:35, Cabello se refiere al periodista Orlando Avendaño. Pregunta cuánto le habrán pagado por una publicación y le dice: «Yo disfruto cada vez que escribes, porque cada vez que escribes lo que haces es embarrarla». Después sostiene que Avendaño actúa porque recibe un sueldo. Una vez más, se trata de afirmaciones de Cabello, no de conclusiones de Jonatan Palacios News.
El segmento mezcla una burla explícita con una atribución económica. Cabello no se limita a discutir el contenido escrito por Avendaño: pone en duda su motivación y sugiere que su conducta obedece a un pago. Dentro del fragmento no aparece documentación que demuestre esa afirmación ni existe espacio para que el periodista responda. En un entorno donde una mención desde el poder puede amplificarse rápidamente, conservar el video, su fecha y sus palabras exactas es una forma de impedir que el señalamiento sea reducido después a una versión imprecisa o negado como si nunca hubiese ocurrido.
Juan Guaidó: una cadena de insultos expresamente atribuida a Cabello
El quinto pasaje, ubicado en el minuto 145:16, contiene los calificativos más directos de la emisión. Cabello afirma que colocaría a Juan Guaidó «en la cima de los estúpidos y de los pillos». Luego lo llama «inepto», «enfermo», «pillo» y «ladrón». Todos esos términos fueron pronunciados por Cabello. Este artículo no los adopta, no los transforma en hechos probados ni los presenta como una valoración independiente.
La atribución precisa es indispensable. Llamar a una persona «ladrón» desde una pantalla no equivale a documentar una condena judicial, y una repetición periodística descuidada podría borrar la diferencia entre el insulto del conductor y una conclusión sustentada. Por eso el pasaje se registra con su contexto: fue Cabello quien empleó esas palabras, en una emisión donde Guaidó no podía confrontarlo. La firmeza editorial exige denunciar el uso de la pantalla para estigmatizar, pero también exige no convertir la acusación pronunciada por una parte en una sentencia redactada por el medio.
Video publicado por Jonatan Palacios News
Preview audiovisual publicado por @JPActivista
María Corina Machado: la burla como sustituto del contraste
El sexto corte, desde el minuto 163:12, sigue una compilación sobre María Corina Machado. Cabello repite en tono de burla: «Mañana vengo», «la semana que viene», «dentro de un mes» y «hasta el final», antes de cerrar con «Créanle». La secuencia está construida para desacreditarla mediante la repetición irónica. No presenta una entrevista, no examina una propuesta específica y no ofrece un contraste donde la aludida pueda responder sobre las frases utilizadas.
El recurso es distinto del insulto directo, pero cumple una función semejante: reducir a una adversaria a una caricatura televisiva. La risa y el montaje reemplazan la discusión de fondo. Registrar ese mecanismo permite analizar cómo la programación del aparato oficialista administra la imagen de quienes identifica como opositores, y por qué sus contenidos deben ser tratados como material monitoreado que requiere atribución y contraste independiente.
Acusación federal, recompensa y sanción: tres hechos que no equivalen a una condena
El contraste sobre Cabello debe formularse con la misma precisión que se exige al atribuir sus palabras. Una acusación federal sustitutiva del Departamento de Justicia de Estados Unidos lo nombra en los cargos uno al cuatro y contiene alegaciones que se extienden hasta 2025. El expediente incluye acusaciones por conspiración de narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y delitos relacionados con armas. Son acusaciones pendientes. No son una condena y este artículo no presenta a Cabello como condenado por esos cargos.
El anuncio oficial del Departamento de Justicia permite identificar públicamente la naturaleza del proceso, pero la existencia de una acusación no sustituye un juicio ni autoriza a borrar la presunción jurídica aplicable. La cobertura puede y debe señalar que el expediente existe, que Cabello aparece nombrado y que los cargos son graves, manteniendo al mismo tiempo la diferencia entre una imputación federal y una sentencia penal.
Un segundo hecho oficial es la recompensa elevada en enero de 2025 a hasta 25 millones de dólares por información que conduzca a su arresto y/o condena. La recompensa es un mecanismo del Gobierno estadounidense para obtener información. Tampoco constituye una condena. Su relevancia periodística reside en que muestra la dimensión internacional del expediente mientras Cabello conserva una plataforma desde la cual acusa y ridiculiza a otras personas.
El tercer hecho es administrativo: OFAC sancionó a Diosdado Cabello en mayo de 2018. Esa sanción es diferente tanto de la acusación federal como de una sentencia penal. No corresponde afirmar, sin una consulta actual de la lista, que OFAC «lo mantiene» sancionado; el dato respaldado por el expediente es que lo sancionó en esa fecha. En julio de 2025, el Tesoro también sancionó al Cartel de los Soles como organización terrorista global especialmente designada. Esa designación corresponde a la organización; la relación atribuida a Cabello aparece como alegación documentada en el expediente estadounidense, no como una condena judicial contra él.
Separar estas categorías no debilita la nota. La fortalece. La acusación federal debe llamarse acusación; la recompensa, recompensa; la sanción de OFAC, sanción administrativa; y una condena solo puede afirmarse cuando exista una sentencia que la sustente. El contraste contundente se construye con hechos oficiales bien nombrados, no mezclando consecuencias jurídicas distintas.
Preservar la evidencia para una futura Venezuela libre
La fuente audiovisual de este reportaje pertenece al aparato monitoreado y se utiliza para contrastar sus propias palabras. No se adopta su lenguaje propagandístico ni se le presenta como árbitro independiente. La tarea posible hoy es conservar cada emisión, registrar el minuto exacto de cada pasaje, guardar las citas completas y mantener una cadena documental que permita reconstruir qué se dijo, quién lo dijo y contra quién se dirigió.
No corresponde pedir al Ministerio Público, a los tribunales, a la Contraloría ni a otra estructura venezolana actual que investigue estas prácticas como si fueran garantías independientes frente al poder que las controla. Hacerlo contradiría el contexto que esta cobertura documenta. La respuesta inmediata es la preservación pública: copias verificables, fechas, duraciones, transcripciones atribuidas y enlaces a los expedientes oficiales que permiten separar propaganda, alegación y hecho comprobado.
Ese archivo debe quedar disponible para una futura Venezuela libre, con instituciones reconstruidas e independientes que puedan determinar responsabilidades conforme a derecho. Preservar no significa dictar una condena por adelantado. Significa impedir que las emisiones desaparezcan, que las frases sean reescritas y que el poder alegue mañana que jamás utilizó una pantalla para decidir a quién exhibir, insultar o desacreditar.
Los seis pasajes del programa 578 forman un solo documento político y comunicacional. Miguel Ángel Rodríguez fue objeto de insultos y de una insinuación sobre pagos; Henrique Capriles, de una descalificación personal; la frase «factura el que yo quiera» expuso el control unilateral de la pantalla; Orlando Avendaño fue señalado como periodista supuestamente pagado; Juan Guaidó recibió una cadena de insultos; y María Corina Machado fue convertida en blanco de una burla editada. Cada expresión queda atribuida a Cabello y cada secuencia debe leerse dentro de la misma relación de poder.
La pregunta final no es si el programa puede formular críticas. Es qué revela que una figura sometida a una acusación federal pendiente, objeto de una recompensa de hasta 25 millones de dólares y sancionada administrativamente por OFAC en 2018 utilice una pantalla alineada con el aparato chavista para escoger a quién nombra y cómo lo presenta. La respuesta comienza por no dejar que ese registro se pierda.